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Biografia de la Parroquia

La Iglesia Católica de San Marcos se encuentra en el 1048 N. Campbell Avenue; Chicago, IL. Los Arquitectos de esta iglesia son Barry and Kay. La Incepción fue el 16 de noviembre 1894 y el edificio nuevo se terminó el 20 de enero 1963. Para comenzar nuestro recorrido por la iglesia, veremos primero una agraciada textura de piedra delante de la entrada principal que es seguida adentro por una estructura de ladrillo, acero y cristal. El techo del vestíbulo tiene una docena de luces grandes que imitan globos. También puede apreciarse arriba frente a la puerta principal el balcón que conduce al área del coro, desde donde se pueden tomar fotografías. Directamente debajo del balcón está una placa de bronce donde se puede leer: “Entre a esta casa de Dios construida por los fieles católicos de San Marcos A.D. 1962. Rev. W. P. Dunne, Parroco.” La iglesia misma impresiona grandemente con su aura de sencillez y tranquilidad. La forma de abanico en que está construido el edificio en nada distrae la vista del altar principal y del crucifico que se eleva sobre ella. A la izquierda se encuentra un nicho dedicado a la Virgen y a la derecha está un nicho dedicado a San José.

La mesa de comunión, (el altar) es significativa en su aparente anonimidad. Su presencia se siente más de lo que se ve por el silencio y su dramático diseño. En la parte de abajo se encuentran las barandas de mármol antiguo negro montado en bronce, cada uno adornado con un diseño de cerámica de trigo y uvas de color anaranjado y dorado. Estos enfatizan la división entre el santuario donde se realiza el sacrificio y la congregación que debe participar activamente en la celebración.

El crucifijo sobre el altar tiene un viga transversal como los mástiles de una nave con la cual se compara a la iglesia a menudo; la figura de Cristo crucificado fue hecha y ensamblada en Pietrosanto, Italia, y está construida de madera de linaza porque ésta es más resistente a la expansión y a la contracción causadas por el calor y el frío que la mayoría de otros tipos de madera experimentan. Esta figura de Cristo no sólo da la impresión de inmolación y suplicas, sino también que Cristo abraza en un inmenso amor al mundo entero.

El santuario tiene piso de terrazo con partes de mármol blancos y negros y escalones hacia al altar por la predela (plataforma del altar), que se amplía mucho más de lo acostumbrado para permitir mayor libertad y movimiento alrededor del altar. Las reliquias del altar son las de los Santos Concordia y Dilectus. El Gran León debajo del altar es el Símbolo de San Marcos, tiene alas como esta descrito en el libro del Apocalipsis. El León sostiene un libro en donde está inscrito las palabras del evangelista: “¿Por qué tienen miedo?” (Marcos 4, 40). Diseñado por la artista de Chicago, Beatrice Wilczynski – quién también diseñó la terracota y las estaciones de cerámica de la cruz.

El Gran León de bronce con alas apoya la tabla de mármol italiana blanca del altar (diez pies de ancho, treinta y cinco pulgadas de profundo, cuatro pulgadas gruesas, y pesando algunas 2400 libras). Fue creado en los estudios de Greco donde hicieron primero un modelo del mismo tamaño de arcilla, después fue enyesado, quemado en fibra de vidrio, reducido a arena, y después modificado en su forma final de bronce.

En el centro del león está una base de piedra, que se extiende desde la fundación del altar hasta la mesa, para cumplir con el requisito litúrgico de un altar para tener una fundación de piedra y para entrar en contacto con la tierra. Detrás del altar está una pared brillante de mosaico de color naranja y color oro (retablo), que forma un fondo para el altar. Esta pared de mosaico color naranja contrasta con el ladrillo simple que forma cruces a lo largo de la pared trasera.

Arriba sobre el techo del altar se encuentra un ingenioso tragaluz del cual se suspenden una gran cantidad de placas de bronce, el tragaluz dispersa la luz del día que entra en la iglesia, y agrega un efecto más inusual y más decorativo al techo, al mismo tiempo sirve como dosel sobre el altar.

Las ventanas fueron diseñadas por Gabriel Loire uno de los diseñadores más eminentes de ventanas pesadas de cristal en el mundo, su taller se encuentra en la ciudad de la catedral de Chartres. Loire incorporo en las ventanas, en forma abstracta, nuestra herencia del viejo y nuevo testamento. El concepto general se aprecia en dos paredes inmensas de cristal que forman un tapiz admirable con los movimientos extensos del color que fluye; el azul es el color básico y los tonos más oscuros están hacia la parte posterior de la iglesia con dos paneles luminosos más cercanos al altar.

La primera ventana representa la creación del mundo, la mano de Dios sobre el día y la noche; sobre las estrellas, el agua, la tierra y las plantas; hombre y mujer.

La segunda ventana habla del pecado original y la caída de Adán y Eva. Este evento es recordado por la serpiente que presenta la manzana. Después se puede ver la intervención de Dios y su mano poderosa conduciendo al pueblo elegido hacia la tierra prometida. Este peregrinar está representado por las aguas que se dividen en dos, permitiendo que Moisés y sus seguidores salgan de la esclavitud de Egipto. Es una expresión del amor divino que quedó grabada en la memoria de cada judío y en la memoria de todos los que todavía conmemoramos la fiesta de la pascua cada primavera.

La tercera ventana proyecta una columna luminosa, el pilar bíblico de fuego que simboliza el convenio de Dios con su pueblo y como Él lo conduce hacia la tierra prometida, que es simbolizada por una representación de la ciudad de Jerusalén, ciudad de David en la cual fluye gran gloria.
La cuarta ventana nos recuerda algunos pasajes de la escritura: “de la casa de David (de la raíz de Jesé) mil años más tarde”. . . “en la plenitud de los tiempos”. . Nos dice San Pablo que florecería el Salvador del mundo, Cristo Jesús.

La quinta ventana muestra las cadenas rotas y hace reminiscencia a los judíos que habían alcanzado su tierra prometida, que la cadena del exilio estaba rota y la esclavitud estaba abolida.

La sexta ventana tiene colores sombríos y encontramos la oscuridad terrible que cubrió la faz de la tierra y que llenó los corazones de los hombres en los siglos pasados antes de la venida de Cristo. La comunidad Judía fue dispersada y luego reunida solo para después ser conquistada por el imperio romano. El ave resplandeciente en esta ventana representa al único rayo de la esperanza pasado de generación a generación, era la anhelada profecía de que Dios enviaría al Mesías.

Ventanas del lado norte en la parte de atrás.

En la séptima ventana encontramos un panel que brilla intensamente con rayos de un nuevo amanecer, es el día del principio de nuestro rescate, porque un niño maravilloso nace entre nosotros y esta simbolizado por la estrella de Belén; el Hijo de Dios en la tierra. Su cruz es el medio por el que él nos redimirá. Esta representación eucarística se extiende a través de esta séptima ventana, así como las dos siguientes.

En la octava ventana vemos los símbolos de la eucaristía que son las uvas y el trigo declarando de tal modo la inmensidad de la redención para todos y por todas las edades. Aquí el viejo testamento pasa al Nuevo Testamento: los sacrificios sangrientos del pueblo judío son substituidos por el sacrificio infinitamente más meritorio de Cristo que muere por nosotros en la cruz. Este nuevo tipo de sacrificio es repetido a diario en cada misa y al participar en el sacrificio, Cristo Jesús, al igual que en la Ultima Cena, nos da su regalo más grande de amor que es Él mismo bajo las especies de pan y de vino.

En la novena ventana con solamente un poco del tema de la cruz muestra este panel resaltando la resurrección, la gran victoria de Cristo sobre el pecado y la muerte. En el símbolo del cirio encendido (Cristo Luz del Mundo) encontramos un recordatorio de la promesa de Nuestro Señor sobre nuestra propia resurrección.
En la décima ventana se puede ver una representación de la nueva Jerusalén, la iglesia, que es cuerpo místico de Cristo en la tierra y dirigida por el Espíritu Santo. El Espíritu Santo es representado por una paloma, símbolo radiante de la verdad, de la santidad y del amor por el nuevo pueblo elegido de Dios.

En la onceava ventana se pueden apreciar las escalas de la justicia, conmemorando el día del juicio, así como también tres de los siete sellos en el libro del juicio mencionado en el Apocalipsis. Sobre ellos está una figura de un cordero, Cristo que simboliza al Redentor que volverá al final de los tiempos como el juez justo, una verdad que decimos en el credo.

La doceava ventana prominente en este último panel es una inscripción del idioma hebreo (Deut. 6.4), a petición del Padre Dunne: “Escucha, Israel: el Señor, nuestro Dios, es el único Señor”, que simboliza la aceptación de la gente judía de Jesús como su Mesías y su unión con la iglesia según lo indicado en las escrituras del San Pablo. Hay también dos conjuntos de letras griegas. La primera es un radiante “rho abstracto agrandado del Chi” que representan a Cristo con quién estaremos un día unidos a nuestro padre celestial; el segundo es la A y el Ω (alfa y Omega) que nos recuerdan que nuestro Dios es el principio y el fin de todo lo que ha hecho. El acto infinito de amor de la creación en la primera ventana encuentra su perfección en esta última ventana donde todo está restaurado por Dios atreves de Cristo.

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